Señales claras y obvias que indican que un artículo periodístico sobre política es una parida irrelevante:
- Utiliza la expresión “comunión emocional” como herramienta de análisis.
- Habla de las canas de un político como elemento de debate.
- Recurre a la metáfora del boxeador en un debate de propuestas.
- Señala la personalidad misteriosa de un líder como elemento crucial en su futuro.
- Se recrea en la idea del líder como una especie de figura paternal extraña pseudo freudiana.
Dicho en otras palabras, el último “análisis” de Antonio Caño en El País sobre Obama, la mayor sarta de clichés pseudoemocionales que he visto en tiempo. Aunque parezca mentira, la política no tiene nada que ver con el psicoanálisis.
Mira, uno de esos subgéneros políticos que me ponen nervioso. Otros son la política como cotilleo, con el último libro de Mark Halperin y John Heilemann como exponente más reciente y cargante, y la política como una carrera de caballos, en que lo importante es quién gana y quien pierde, no qué políticas proponen o quieren implementar. Los tres están horriblemente extendidos en el periodismo español (y aún más en Estados Unidos), y los tres deben ser objeto de mofa, burla y escarnio de forma incesante.
Si queréis un buen análisis previo al discurso sobre el estado de la Unión de esta noche, por cierto, este de Jonathan Cohn me parece excelente. Estaré en Twitter siguiendo la fiesta en directo, por descontado (9 pm, hora local). Ya sabéis de que hablaré esta noche por aquí.





